Ordesa triunfó

Vuelto de Ordesa, vivo estoy. Se pasó el cuarto
voluntariado del año con ánimos, en cuanto los voluntarios nos sentamos a cenar
y a platicar sobre Ordesa. Y al recorrer el primer sendero supe que este Parque
no me iba a defraudar, y que me iba a ofrecer mucho más de lo que me esperaba
de él.

Increíbles panorámicas, majestuosas vistas,
imponentes cortados… allí te sentías el personaje más diminuto de la Tierra.
Tan solo la oportunidad de ascender por los senderos y ser capaz de superar
desniveles que ni tú mismo creías poder superar, para alcanzar cimas que rozan
las nubes, te hacen sentir el ser más grande que pisa el planeta.

Así pues toda una sensación de contrastes, como
pasar del calor solano al frío granizo en un par de horas. Así es Ordesa y su
Monte Perdido, el tercero en altitud del Pirineo y el más alto macizo calcáreo
europeo.

En el albergue nos juntamos una nutrida
representación del sur (Malaga, Sevilla, Huelva, Granada), del norte (Navarra,
Bilbo) y cómo no, del centro (Madrid, Ávila) y la integración fue casi
automática. He de decir que de las veces en que me he sentido a gusto con mayor
rapidez.

El trabajo a realizar: evaluación de la calidad
de los senderos del Parque, así de sencillo, patear y patear. Pero desde el
primer día se empezaron a planificar las rutas personalizadas. Sobreaviso
quedaba la ruta que asciende por la Senda de los Cazadores hasta la Faja Pelay
que concluye en Cola de Caballo, pues supera los 800 m de desnivel en su primer
tramo. Pero esta ruta quedó ninguneada en cuanto se empezaron a fijar las
demás. Nuestra ruta: levantarnos a las 4.30 A.M. para coger el autobús que sube
de Nerín a lo alto del Valle de Ordesa, subir Sierra Custodia, bajar con las
Tres Sorores sobre nuestras cabezas hasta la misma cabecera del Cañón de
Añisclo. Una ruta que nos llevaría más de 10 horas y recorrería 30 km. Y para
concluirla, tormenta pisándonos los talones, que hizo que la media bajara.

Rutas y ascensiones a parte, el otro aliciente
del Parque era ver al Treparriscos y al Quebranta que se escaparon en Picos. Y
el trepador fue censado el segundo día de caminata y la rapáz identificada en
la lejanía el primer día. Pero la relación con el quebranta iba a ser más
larga, pues nos sorprendieron con que uno de los días podíamos colaborar con
Fernando (guarda del Parque) en el radioseguimiento de los quebrantahuesos que
tiene el Parque marcados. Y eso hicimos, antena en mano, pero no conseguimos
ver ningún ejemplar en vuelo, hasta por la tarde, que una espera prolongada en
la garganta de Escuaín nos permitió divisar un joven quebrantahuesos e incluso
seguirlo con el telescopio. Pero en eso no iba a quedar la cosa, pues el último
día, en Pineta pudimos divisar perfectamtne de 2 a 3 individuos subadultos en
vuelo junto con buitres y alimoches. Un verdadero espectáculo con el glaciar de
Monte Perdido a nuestras espaldas.

Pude contagiar mi euforia a mis compañeros, pero
no solo vimos treparriscos y quebrantas. Cabe destacar la Flor de Las nieves y
la Oreja de Oso por la flora, y los Sarrios y Marmotas por los mamíferos. Todo
un lujo y un capricho que se debía cerrar con el encuentro con el trepador azul
en nuestras mismas narices.

Y esta ha sido la crónica de los días pasados en
Ordesa. Solo un par de palabras: espectáculo sufrido. Las fotos lo muestran
bastante bien, pero la elección la he hecho bastante rápido así que igual,
cuando vuelva de mi próximo destino, hay cambios.

Ahora, toca censar planeadoras en el Estrecho.
Al Sur nos vamos…

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