¿Actuamos contra el Cambio Climático?

En unas fechas en las que los cambios, o no, en los gobiernos están marcando las nuevas y futuras políticas, también en lo referente, cómo no, en un tema tan actual como el cambio climático.

Creíamos que toda la comunidad internacional estaba concienciada sobre el origen y los riesgos del cambio climático, y en mayor o menor medida estaban actuando para paliar sus efectos, cuando un negacionista como Donald Trump accede al poder de uno de los países con mayor potencial emisor de gases de efecto invernadero. Esto ha sido un duro revés para los acuerdos firmados en París, y ya veremos la posición que toma la administración Trump después de tomar el poder legislativo y encontrarse con que ellos ya habían ratificado el acuerdo.

En lo que concierne a los países firmantes de los últimos acuerdos y que mantienen políticas activas para el control de las emisiones y en contra del aumento de 2°C de la temperatura atmosférica, he leído a través de SEO/BirdLife, ONG miembro de la coalición europea Climate Action Network (CAN), los comentarios sobre el el Índice de Acción Climática 2017 (CCPI, en sus siglas en inglés), el cual confirma el despegue de las energías renovables y avances positivos en eficiencia energética. Sin embargo este estudio observa una disminución en estos compromisos en los países europeos, los que en principio deberían liderar la consecución de los objetivos de mitigación acordados. El contrapunto lo ponen las economías emergentes que han mejorado su posición en este índice (Argentina, India o Brasil)

España, considerado uno de los países más vulnerables de Europa a los efectos del cambio climático, ha caído un puesto en este índice, situándose el último de los países con un compromiso “moderado”, cerca de entrar en la clasificación de países con acciones “pobres”. Es contradictoria  nuestra posición (el 23 de los 28 países de la UE que figuran en el informe) con los riesgos a los que estamos sometidos por un aumento del calentamiento global producido por los GEI, a saber: proliferación de especies dañinas por el aumento de la temperatura (como el mejillón cebra que alteran las características del agua y de esa manera ponen en peligro la fauna y flora autóctonas y son un enorme problema en las instalaciones de las centrales hidroeléctricas); la desaparición de algunas especies consideradas endémicas por el riesgo de desertificación y alteración de su hábitat; las repercusiones negativas en los sectores económicos (industria del alcornoque, industria vitivinícola y olivarera, industria del turismo en estaciones de esquí por nevadas tardías); y en el Medio Ambiente (inundaciones, incendios agravados por la sequía); y los problemas de salud que pueden generarse o agravarse (olas de calor y frío en población sensible, y proliferación de insectos considerados vectores de enfermedad).

Bien es cierto que la coyuntura política en este último año no ha permitido avanzar en acciones enfocadas a combatir el cambio climático, si bien es cierto que la participación de nuestro actual gobierno ha dejado mucho que desear en la reciente Cumbre de Marrakech (COP22) donde nuestro Presidente del Gobierno ha ido en la práctica para salir en la foto y comentar que “Estamos en la senda de cumplir nuestros objetivos para 2020 y trabajamos con objetivos más ambiciosos para 2030” cuando la realidad, publicada por el Ministerio de Medio Ambiente, desvela que en 2015 se han aumentado las emisiones un 3,5 %. Además, durante la comparecencia de miembros de nuestro Gobierno se ha podido comprobar el poco afán por descarbonizar nuestra industria energética dejándolo en manos del mercado.

Quizá este hecho sea un caso aislado o quizá sea un ejemplo de las políticas en lo concerniente a la lucha contra el cambio climático: salir en la foto. Esta Cumbre de Marrakech era la enésima oportunidad de pasar del compromiso a la acción, de pasar de los acuerdos de París a la materialización en objetivos jurídicamente vinculantes, pero no, parece que la mejor noticia que podemos sacar de esta cumbre es que los países firmantes siguen en la brecha y siguen considerando el calentamiento global como un problema, vaya, siguen en la foto.

A título individual (sin olvidar que quien pone a los Gobiernos a legislar, o no, somos los ciudadanos) también tenemos mucho más que hacer que decir. Según un estudio del CIS (Estudio nº 2.837 de 2010) el 44% de los encuestados pensaba que un aumento de la temperatura de la Tierra, originado por el cambio climático, era “muy peligroso” para el Medio Ambiente, pero sólo un 32 % evitaba comprar ciertos productos por razones medioambientales, un 45% “nunca” había dejado de utilizar el coche por razones medioambientales, un 60% estaría en contra de pagar más impuestos para proteger el medio ambiente, y sólo el 25% estaría dispuesto a pagar precios mucho más elevados para proteger el medio ambiente. Sin embargo el 55% solicita más información y educación para que la gente conozca las ventajas de proteger el medio ambiente.

De hecho la evolución en la percepción del cambio climático ha sufrido un crecimiento paulatino, debiéndose esto a la difusión de los medios de comunicación. Los medios de comunicación son la principal fuente de formación de una opinión pública en relación al cambio climático, pero la alta y progresiva concienciación de la opinión pública española contrasta con la disposición de la misma a actuar en consecuencia, pues ésta no se corresponde con los conocimientos que se poseen sobre el tema, principalmente cuando supone renunciar a las comodidades existentes en su vida cotidiana.

Así pues son bienvenidas medidas individuales que se vayan materializando: cambiar vehículos y electrodomésticos por otros más eficientes (gracias a la información del etiquetado y a la publicidad), compartir el vehículo, usar más el transporte público, medios más sostenibles como la bicicleta, y compartir experiencias y retos como los que esta semana está lanzando el grupo de trabajo de Comunicación ambiental 2.0, perteneciente al Congreso Nacional del Medio Ambiente (Conama) con su etiqueta #retoconama como propuesta de acción en redes sociales.

Y desde un punto de vista más profesional herramientas como el cálculo de huella de carbono, la huella hídrica y el ecoetiquetado, son herramientas que aportan esa información que necesita el consumidor para empezar a tomar decisiones coherentes con su concienciación.  Así por ejemplo una buena medida como es consumir productos locales y de temporada se puede ver respaldada por la aportación de una valoración numérica más fácil de comparar entre distintos productos, potenciando y dando valor añadido a una apuesta voluntaria de los productores.

Acabo esta larga disertación con una cuestión que ya he adelantado: ¿Creéis que estamos sólo para salir en la foto?

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